Llega un momento en la vida en que tienes que hacer un alto. A la hora de la verdad pareciera que a todo el mundo les dió por la huida y simplemente pareciera que te quedaste tal cual el último pan en la mesa. El dolor de la traición puede ser tan doloroso como una corriente de chayes en las venas... claro... si en realidad tuvieras pedazos de vidrio en las venas, probablemente en 0.75 de segundo ya no podrías contarlo.
Es increíble cómo de pequeños podemos pensar en que la amistad con la niña que se sienta a la par tuya en la clase de plastilina puede considerarse una amistad para toda la vida. O más ingenuo aún, considerar que tu clase entera de promoción será por siempre la más unida, y que envejecerás con 40 viej@s a tu alrededor sólo por que a los 17 años piensas que la amistad será para siempre.
Creo que es más increíble aún el pensar que ese primer amor es el verdadero, que no habrá nada más y que tu vida al fin tiene un significado para llamar a la eternidad; tema de otro episodio que dejaré para después. La verdad es que todo depende de la inocencia y que tan crédulo te desarrolles.
Yo nunca fui de muuuuuchos amigos, pero si considero que llegué a formar lazos muy importantes en mi vida. Claro, la vida me ha enseñado que las personas llegan y se van, y vuelven a llegar y se vuelven a ir. Pero al final, todo es un juego de coincidencias existenciales al que debe danzar al son. Lo importante es decubrir el sabor de boca que te deja un dulce luego de que lo terminaste... a veces un dulce chicle, o una gomita muy ácida.
Llegando al punto, hay veces en que la vida te va dejando esos sinsabores, esos finales amargos de los cuales aprendes a valorar los dulces que aún quedan. El sabor de la deslealtad es uno de los sabores más agrios que se puede catar. Es simplemente pensar que tal vez fallaste tú o el destino. Definitivamente, un reto de perseverancia y una ganancia de por vida.
A veces, fallamos a otros; a veces nos fallan a nosotros. Lo importante es no quedarse con ese sabor de boca... no quedarse con el sinsabor del silencio. Es importante detenerse, y pensar que la vida te va enseñando el valor de las personas, de tu familia, de tus amigos, en base sus y tus reacciones. Simplemente deja que la vida actúe, y tus ojos irán enfocando las cosas, y lo mejor aún es si quieres ver.
Estos últimos días, he sentido el sinsabor de la jugada a escondidas; del saber que tu confianza no es valorada. El sentir que quisiste significar y no fue lo mejor... probablemente esa persona jamás sepa que escribo de esta situación, pero es sumamente gratificante poder compartir lo siguiente:
existe aún mi fe en el ser humano.
Sé que en la vida me toparé con estos sinsabores, pero también sé que la vida me ha dado el más dulce placer de contar con los mejores aderesos de mi vida: amigos. Que si por cantidad fuese, pensarían que estoy a dieta, pero si cuantificamos su peso... la condensación sería incalculable. De lo disperso a lo concentrado y valioso.
A pesar que alguien no valore tu presencia en su vida, es necesario hacer un alto y pensar en lo magnífico que es contar con muchas otras personas que si lo hacen... al final, para un malsabor un poco de agua... que además de quitarlo, hará que otras cosas resbalen, o no? simplemente una zancadillita... no una caida.
Es increíble cómo de pequeños podemos pensar en que la amistad con la niña que se sienta a la par tuya en la clase de plastilina puede considerarse una amistad para toda la vida. O más ingenuo aún, considerar que tu clase entera de promoción será por siempre la más unida, y que envejecerás con 40 viej@s a tu alrededor sólo por que a los 17 años piensas que la amistad será para siempre.
Creo que es más increíble aún el pensar que ese primer amor es el verdadero, que no habrá nada más y que tu vida al fin tiene un significado para llamar a la eternidad; tema de otro episodio que dejaré para después. La verdad es que todo depende de la inocencia y que tan crédulo te desarrolles.
Yo nunca fui de muuuuuchos amigos, pero si considero que llegué a formar lazos muy importantes en mi vida. Claro, la vida me ha enseñado que las personas llegan y se van, y vuelven a llegar y se vuelven a ir. Pero al final, todo es un juego de coincidencias existenciales al que debe danzar al son. Lo importante es decubrir el sabor de boca que te deja un dulce luego de que lo terminaste... a veces un dulce chicle, o una gomita muy ácida.
Llegando al punto, hay veces en que la vida te va dejando esos sinsabores, esos finales amargos de los cuales aprendes a valorar los dulces que aún quedan. El sabor de la deslealtad es uno de los sabores más agrios que se puede catar. Es simplemente pensar que tal vez fallaste tú o el destino. Definitivamente, un reto de perseverancia y una ganancia de por vida.
A veces, fallamos a otros; a veces nos fallan a nosotros. Lo importante es no quedarse con ese sabor de boca... no quedarse con el sinsabor del silencio. Es importante detenerse, y pensar que la vida te va enseñando el valor de las personas, de tu familia, de tus amigos, en base sus y tus reacciones. Simplemente deja que la vida actúe, y tus ojos irán enfocando las cosas, y lo mejor aún es si quieres ver.
Estos últimos días, he sentido el sinsabor de la jugada a escondidas; del saber que tu confianza no es valorada. El sentir que quisiste significar y no fue lo mejor... probablemente esa persona jamás sepa que escribo de esta situación, pero es sumamente gratificante poder compartir lo siguiente:
existe aún mi fe en el ser humano.
Sé que en la vida me toparé con estos sinsabores, pero también sé que la vida me ha dado el más dulce placer de contar con los mejores aderesos de mi vida: amigos. Que si por cantidad fuese, pensarían que estoy a dieta, pero si cuantificamos su peso... la condensación sería incalculable. De lo disperso a lo concentrado y valioso.
A pesar que alguien no valore tu presencia en su vida, es necesario hacer un alto y pensar en lo magnífico que es contar con muchas otras personas que si lo hacen... al final, para un malsabor un poco de agua... que además de quitarlo, hará que otras cosas resbalen, o no? simplemente una zancadillita... no una caida.
A veces se tiene al lado al verdadero amigo y no nos damos cuenta, lo importante es que jamás es demasiado tarde para saber que alli están. La vida como tú dices, está llena de sin sabores pero es así como le vamos encontrando el gusto o no por aquello que decidimos probar.
ResponderEliminarTengo la fortuna que en ti no solamente tengo a mi hermano menor, sino a mi amigo, mi confidente, y una de mis razones para seguir mi día a día.
Y algo que nos debe quedar bien claro es que si hacemos las cosas como dice la canción que tanto le gusta a mi papá, "a mi manera", jamás podrás arrepentirte de lo bueno o malo que en la vida te ha pasado, los amigos van y vienen, pocos y verdaderos son los que se quedan, y estos siempre tendrán un valor incalculable...como tú...