(Alguna
vez me dijiste, en dónde quedó “El Jeff” que escribía y
desahogaba sus pensamientos? Ya ves... ahora es tiempo de volver al
punto de inicio.)
Quisiera poder tocar algún instrumento, o haber nacido con el don de la voz de canto... intenté a los 10 años hacer las dos cosas... medio aprendí piano, medio estuve en el coro de colegio. Medio pude expresarme, pero hoy quisiera poder dejar que unas notas y melodías se llevaran mis pensamientos. Aprendí que “medio” no funciona.
El don del artista en cualquier rama es su misma condena, la misma para un creativo o para un sistemático... ser su propio verdugo, sanar sus heridas con lo mismo que la causó. Hoy me declaro sentimentalista empedernido, nostálgico de la nostalgia y vividor de un futuro inventado.
Llevo semanas emprendiendo viajes, lugares lejanos, algunos más que otros. Buscando actividades que permitan a mi mente saber que hay algo más en la vida. Aprendí que lo que nos puede unir a todos es el amor en cualquiera de sus dimensiones, simplemente, dar. Estoy aprendiendo a dar de mi... hasta ahora.
Hubo una lección aún más profunda, el amor que puede unir a todos, dado sin sabiduría y recibido sin aprender a conservarlo también puede ser lo que destruya a todo. Ahora es el momento en que confieso que aprendí que no creo ya en las estrellas fugaces y sus deseos... pues su promesa dura lo que su estela que deja se queda visible; una nada. Pedí a una estrella fugaz tu regreso.
Ahora creo más en lo perseverante... hace unos días le pedí a la luna un deseo, no iba con tu nombre, simplemente iba con el deseo del destino. Quizás su permanencia sea la promesa verdadera, quizás no. Y viendo el mar, le pedí respuestas, y me dijo tu nombre... pero como el eco resonante en mi corazón, supe después que ese mismo nombre se lo llevaría la ola que me lo trajo al oido.
Le pregunté al mar, me dijo tu nombre, y quedó callado... Comprendí que sólo era una mención a tu partida, entendí que simplemente evocó mi sentimiento de nostalgia. No volverías, lo tendría que saber.
Pero las estrellas que tocamos, y las lunas bajo las que lloramos y reimos, serán parte de una historia con la que me quedaré en la memoria. Una de las mejores historias en las que cometimos tantos aciertos como errores. Las disculpas y justificaciones estarán demás... el día que volvamos a platicar, será sin dolor. Pues el dolor puede volvernos locos, y el corazón confundirnos... cuando no soltamos ni avanzamos. Las olas del mar me dijeron que borrarán lo escrito, la memoria se fugará, y con el paso del tiempo ambos estaremos bien.
El mar lavó la arena de mis pies, y los dejó libres para caminar. Esto tocará ahora, caminar... comprender que tu nombre se quedará como un eco resonante, pero con el tiempo se irá, pues corta el pasado. Desde ya te extraño, pero sin sanar heridas, las historias se arrastran. La promesa de la luna estará, aún no sé si tu nombre era sólo para el mar.
Le pedí a la luna el amor en todos sus sentidos como destino, y simplemente sé que no era nuestro tiempo. Algún día seremos dos extraños nuevamente, y comprenderemos lo confuso de dejar ir y la promesa de Dios en estar curados. La vida sigue su curso, y seguirán los pasos a fuerzas, pero se sigue caminando.
Descalzo será hora de caminar. Quizás podría cantarte una melodía, o tocar una canción nostálgica en el piano. Llamarte para que me escuches, pero no es lo que Dios decidió para esta situación. Lo único que pude hacer fue escribirte que le pregunté al mar... y me dijo tu nombre. Tal vez Mañana.
