Puede que haya pasado mucho tiempo en
silencio gramatical y ortográfico... la verdad es que tuiter sólo
me deja expresarme en 140 caracteres y necesitaría muchos tuits para
expresar lo que realmente me gusta.
Oyendo un dulce piano al fondo de mi
subconciente, imaginé lo que sería ser un instrumento musical. Mi
favoito, el violín... Esa intensa melancolía con la que su
característico sonido envuelve de forma peculiar para acompañar un
sentimiento.
Si un día fuese un violín, he llegado
a pensar que cada recuerdo de mi mente sería como una nota larga y
detallada de una pieza musical exquisita que llamamos vida. El violín
genera un sonido tan melancólico como una tarde de domingo. Hoy
tengo la melancolía a pedir de boca. ¿Melancolía de qué? y vi una foto en la que reconocí una expresión noble olvidada hace mucho tiempo... mi irreconocible mundo.
Esa situación que ocurre cuando no
tienes más que afrontarte a vos mismo, encontrarte con tu verdadero
yo y preguntarle cómo se siente. Hoy me encontré nuevamente frente
un teclado del computador y como si pudiese recorrer las teclas con
acordes musicales, recordando notas de mis perdidas clases de piano a
los 9 años, comienza a surgir este sentimiento.
El tiempo es sabio, tiempo al tiempo.
Sin duda alguna no puedes evitar crecer y madurar ciertas ideas. Pero
una peculiaridad que me persigue desde que tengo uso de razón es
esta compañía que hoy descubro: melancolía. De los años perdidos,
de las risas calladas, secretos abandonados y palabras nunca dichas.
A medida que toco esta melancólica y
enredada melodía en Arial 12 con interlineado sencllo, me doy cuenta
cómo los giros de la vida toman caprichosamente la tuya y te
arrollan por caminos nunca antes pensados. Hoy me topo con cada uno
de mis amigos, familia, conocidos y acompañantes de ruta, todos en
un album gigantezco que guardo en mi memoria. Desenpolvo esas frases
de risa o las que simplemente rompieron mi alma. Recordar es volver a
vivir... en lo absoluto. Los sentimientos han cambiado, evolucionado
o marchitado.
Lo que surge es ese extraño
sentimiento ridículo, según la RAE, “Melancolía: Monomanía
(Preocupación o afición)en que dominan las afecciones morales
tristes.”
Sólo basta un clic a los flashbacks, y
preguntarme “Qué hubiese pasado si..?” pero no hubiese pasado
nada. Probablemente nunca lo sepa, probablemente esta sensación
insana a la que me hice adicto sea sólo una excusa para derramar
unas cuantas lágrimas de dolor rezagado. Quizás en este momento sea
tiempo de llorar para el suelo, y no dejar que ni una lágrima
recorra cruelmente mi rostro, darles un suicidio al vacío.
Pero inmediatamente, después de este
momento de locura emocional, viene la verdadera razón a mi mente:
PERDÓN. Por que hasta ahora no había descubierto lo crucial que es
esa palabra, y ahora entiendo que finalmente pude darle perdón a las
acciones que me hicieron caer, pero no bastaba con conseguir el
perdón de mis victimarios. Necesitaba darle esa absolución a quien
victimicé de más y dejé encerrado en los escombros de mis
recuerdos: yo.
Ahora viene un sentimiento aún
mejor... De las adicciones afectivas también se encuentran salidas. Hoy las cuerdas melancólicas del violín vuelven a tocar, ahora
en otra melodía... buscando PAZ.

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